Desde la helada Isla Decepción hasta tu corazón, la campaña de apadrinamiento del Ejército de Tierra ofrece este año una oportunidad única para acercarte —de forma simbólica, gratuita y educativa— a las especies más emblemáticas del continente blanco.

La tradicional Campaña de Apadrinamiento de Pingüinos impulsada por el Ejército de Tierra de España vuelve a estar entre nosotros coincidiendo con la fase de despliegue de la Campaña Antártica 2025/2026, basada en la Base Antártica Española “Gabriel de Castilla” en Isla Decepción, Archipiélago de las Islas Shetland del Sur.
Este gesto, abierto a toda la ciudadanía y totalmente gratuito, permite que cualquier persona participe en una iniciativa que trasciende la simbología para promover la concienciación medioambiental y el conocimiento de uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.
Ocho especies para elegir: más que un pingüino barbijo
Hasta hace poco, la campaña permitía apadrinar exclusivamente al clásico pingüino barbijo (Pygoscelis antarctica) —una de las aves más representativas del área— pero la edición 2025/2026 amplía considerablemente su alcance. Ahora, además del barbijo, se pueden apadrinar siete especies más que habitan en Isla Decepción, incluyendo otras aves y mamíferos marinos, como focas, lobos marinos y elefantes marinos del sur.
La ampliación responde no solo al deseo de hacer más inclusiva la campaña, sino también a la necesidad de difundir el valor de la biodiversidad antártica y de educar sobre la complejidad de sus comunidades naturales.
¿Cómo funciona el apadrinamiento?
Participar es sencillo: accediendo al formulario en la web oficial del Ejército de Tierra, cualquier interesado puede inscribir a su “padrino” o “madrina” de pingüino o especie antártica elegida. Una vez completado el registro, el participante recibe un diploma acreditativo donde figura el nombre elegido para el animal, acompañándolo simbólicamente en su ciclo vital hasta su etapa adulta.
Aunque el apadrinamiento no implica ningún cuidado directo del animal, se trata de una acción con un fuerte valor educativo y ambiental: se fomentan valores de protección de los ecosistemas, se explican las labores científicas que se realizan en la Antártida y se sensibiliza sobre los impactos del cambio climático en estas latitudes extremas.

Un legado que crece año tras año
La iniciativa no es nueva: se remonta a 1992, cuando comenzó como un proyecto interno limitado a personal y familiares. Con el paso del tiempo y gracias al apoyo de medios y público, la campaña se digitalizó y expandió, llegando a superar en ediciones recientes medio millón de apadrinamientos en un solo ciclo.
Lo que en sus orígenes fue un gesto sencillo, hoy es un ejemplo de cómo unir divulgación científica, compromiso ciudadano y educación ambiental en un gesto simbólico que trasciende fronteras.
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